Jornadas de Psicodermatología
La somatización en la piel, parece representar en su carácter de órgano externo, un mensaje codificado signosintomaticamente que el observador intenta vanamente descifrar.
Resulta trascendental interpretar los aspectos psicosociales y las circunstancias que rodean la patología, en lugar de solo intentar obsesivamente situarla en una clasificación.
En la piel se producen reacciones adaptadas a cada situación emocional. En los momentos de vergüenza, temor, ansiedad, agresión... en la piel aparecen rubor, prurito, parestesias, hiperhidrosis, etc. El tegumento constituye el órgano de la sensibilidad táctil, destinado a las reacciones directas del cuerpo. Como ejemplo elocuente podemos mencionar el contacto madre- recién nacido y el de la relación sexual – entre otros.
La piel se halla constantemente expuesta a la vista. Por esta razón ciertas dermopatias suelen despertar ideas de fealdad - suciedad – contagio.
También resulta importante considerar que como resultado de la facilidad de acceso a la afección, el paciente establece una interacción exteriorizada por toques – rascados – cuidado obsesivo, etc. Y ya que hablamos de una superficie que se extiende ante el otro, es importante revisar los órdenes de la voz y la mirada y como apéndice de estos el tacto.
La visibilidad de la patología contiene en sí una referencia a la mirada del otro.
El hombre está condenado a ser mirado desde el mundo... detrás del mundo y con este algo debe pactar.
Parece interrogar en forma constante dos oráculos entre lo que pasa por el ojo y lo que pasa por la boca, doble médium del deseo del otro.
El orden de la mirada instaura la dialéctica vidente – visible.
El orden de la palabra determina el par hablante – hablado.
Mirada y voz se encuentran para configurar el síntoma, pero... Qué sucede cuando este doble orden deja uno de los registros velado?.
Se expresa por ejemplo en el plano visual (a pesar de la queja, que solo queja por el padecer de la lesión y no por su origen). Solo queda que el otro pueda con ese único aspecto, configurar un intento de sentido con lo cual se expone a la sobreinterpretación a falta de la voz de quien porta el signo.
Recordemos que el psicoanálisis mismo parte de la mirada, en sus albores charcoteanos con la mirada hipnótica y Freud es quien posteriormente en un gesto capital la abandona, colocando del lado de la refundación los poderes de la voz por sobre la potencia de la mirada.
Sin embargo pareciera que allí donde está implicada la mirada, la voz no puede estar muy lejos.
Todo sucede, ilusoriamente, como si mirar y escuchar no armonizaran y ejercieran potestades en contrapunto.
¿Cerrar los ojos no es el mejor modo d agudizar la escucha?
La voz emerge plenamente cuando la imagen del locutor se sustrae, de allí el efecto cautivador de la voz en off.
A la inversa, la mirada fascina, petrifica, llegado el caso, la escucha y cuando se mira demasiado ya no se escucha gran cosa.
El psicoanálisis penetra en la cuestión de la mirada y de la voz al asumir la angustia precisa de una mirada que se evadiera del ojo y de una voz que se escapara de un encierro.
La mirada que parece presente sobre el mundo también se familiariza con “guardar” en su origen etimológico francés, también se relaciona con “ponerse en guardia”, podría pensarse en aquellos mecanismos defensivos que nos ponen lejos y “a salvo”. Lo visual alertando a lo táctil para evitar el contacto, que se articulan con los diferentes niveles de alerta, según estemos frente a la neurosis, psicosis y perversión; como si exigieran del objeto una respuesta subjetiva propia que se refracta en ellas.
Todo el drama de la afección en la piel se desarrolla bajo la mirada vigilante de su espectador que también involucra al sujeto padeciste y parece poner en juego una pulsión parcial localizada en el ojo, así como la boca sirve tanto para besar como para comer, los ojos no solo perciben los cambios del mundo exterior que son importantes para la conservación de la vida, sino también las propiedades de los objetos mediante los cuales éstos se elevan al rango de objetos de elección tornándose “encantadores”.
La mirada guardiana se contenta con su función animal de vigilante del mundo exterior, sino que detalla el cuerpio del otro, del objeto erótico.
Lo desviste con la mirada.
Que es lo que muestra la lesión en tanto jeroglífico tallado en el cuerpo- Lo que sucede cuando el brillo de una visibilidad enceguecedora, que afecta la retina del ·”vidente”, la quema- La mirada se “enturbia”como se dice con tanta claridad y lo invisible se mezcla con lo visible. Al ver desde “demasiado cerca”, deja de verlo todo. Virtualidad de aspiración por el objeto que petrifica sus poderes visuales. “quien mucho abarca, poco aprieta... y quien mira demasiado ya no ve nada. , Por algo se cierran los ojos al besar.
De la solidaridad entre la mirada y su objeto, es testimonio el extraño desplazamiento semántico que hace que se califique de “ciego”, no solo a quien no ve, sino al objeto mismo que no se ve. El que no ve y el que no es visto.
Ciego puede querer decir invisible, un objeto lo suficientemente enmascarado para enceguecer.
Propiedad del objeto en su brillo.
La mirada además de dirigirse a un blanco también es otra cosa: Vale decir la expresión de los ojos, la manera de mirar y con ello contemplar el mundo.
Durante mucho tiempo se jugó con la idea de que el ojo tenía poder de emitir un rayo luminoso, que algo sale del ojo, que este es portador de potencia de la mirada, que se carga de afecto, que es un resplandor de la mirada.
El objeto de la mirada, puede o quiere presentarse como evanescente y activo.
Freud en sus tres ensayos destaca entre las fuentes de la sexualidad infantil, dice”: además de la “pulsión de crueldad(dominio)” está la pulsión de ver (schautrieb), lo que se codea con el tacto.
El mirar, como tantas veces reemplaza el tocar (vouyeur).
La mirada se desdobla en dos aspectos.
A. Mirar como una actividad dirigida aun objeto.
B. Instauración de un sujeto al cual se muestra para ser mirado por él (vouyeur- exhibicionista)
De que manera y que extraña seducción produce el punto de captura de todas las miradas estos verdaderos pictografias en la carne.
Nos recuerda la escena primaria donde se describe el cuadro de un sujeto literalmente estupefacto por cierto espectáculo, en el que está exhibido el deseo del otro, sea en concepto de testigo (coito parental), o bien de objeto al que apuesta el otro (el seductor).
Así pues la seducción tiene vigencia al producir en el sujeto un efecto de captación: La trampa consiste en atraparlo en las redes de una imagen de la que desde ese momento, el “seducido” ya no puede abstraerse.
Esta tiene valor de revelación de un deseo en sí, que encuentra en el otro un punto de llamada, que es eminentemente escópico.
El vidente es aspirado hacia y por un visible que le arranca los ojos – imposible mirar eso y recuperar la propia mirada.
Lo complejo es el mecanismo dialéctico que se instaura entre tres términos.
Los ojos del sujeto con lesión en la piel
La piel.
La mirada del tercero que queda pegada a la herida o marca.
Todo esto bajo la dirección del ojo del paciente que mira la escena; atendiendo casi perversamente en tanto se convierte en vouyer del vouyer, resulta más complejo, entonces que la ilusoria división entre mirantes y mirados, objetos de la mirada y sujetos de la visión; en tanto hay interjuego de miradas al igual que en el ballet de la seducción.
Tan grande es la mirada que “envuelve”, “palpa”, la visión es palpación por la mirada.
Lo visible requiere de la mirada que lo interroga.
La estratagema de “control”, reside en una mitad de camino entre el fetiche que habla de una detención de la mirada y el objeto del fóbico que conserva su materialidad el mismo “deseo de ver” que el fetiche, pero asume la forma de un objeto alarmante.
La mirada hacia allí no es porque tenga inclinación o preferencia, es que “eso”, lo arrastra.
Un objeto “carnada” de este tipo es mucho más un “agente material2 que un “signo”.
Aunque para un observador externo, la luz que atrae a la mariposa a quemarse en su fuego, “parezca hacerle señales”.
Aparece como un cuadro categorizado como impresionista: como si dijera... ¿quieres mirar?, ...pues mira. (Estética pictórica).
No debemos olvidar que está presente también, actuando como báscula – la vergüenza-, desnudez que expone a la mirada del otro.
El vergonzoso, sabe que algo falla terriblemente en su imagen. Tal es la vivencia alienante de la vergüenza especular.
Doble función, por lo tanto de atraer y fijar la atención, permitiendo al sujeto observar que los otros miran. Función de “trampa” y punto de focalización, con una mirada ciega, permite evitar (sobre todo cuando emerge en el rostro), el cruce de miradas y asegura al portador de la afección un control sobre la imagen del otro.
En realidad esos procesos, (mirada fija en el brillo de la lesión), no sirven por tanto mas que para el desvío y el encadenamiento de la atención.
El psicoanálisis pretende como posible dirección de la cura convertir aquello visible en audible, pero no para hacerlo desaparecer sino para desconstruir las evidencias y los goces del espectáculo para introducir esa dimensión de la ausencia de la palabra.
La somatización en la piel, parece representar en su carácter de órgano externo, un mensaje codificado signosintomaticamente que el observador intenta vanamente descifrar.
Resulta trascendental interpretar los aspectos psicosociales y las circunstancias que rodean la patología, en lugar de solo intentar obsesivamente situarla en una clasificación.
En la piel se producen reacciones adaptadas a cada situación emocional. En los momentos de vergüenza, temor, ansiedad, agresión... en la piel aparecen rubor, prurito, parestesias, hiperhidrosis, etc. El tegumento constituye el órgano de la sensibilidad táctil, destinado a las reacciones directas del cuerpo. Como ejemplo elocuente podemos mencionar el contacto madre- recién nacido y el de la relación sexual – entre otros.
La piel se halla constantemente expuesta a la vista. Por esta razón ciertas dermopatias suelen despertar ideas de fealdad - suciedad – contagio.
También resulta importante considerar que como resultado de la facilidad de acceso a la afección, el paciente establece una interacción exteriorizada por toques – rascados – cuidado obsesivo, etc. Y ya que hablamos de una superficie que se extiende ante el otro, es importante revisar los órdenes de la voz y la mirada y como apéndice de estos el tacto.
La visibilidad de la patología contiene en sí una referencia a la mirada del otro.
El hombre está condenado a ser mirado desde el mundo... detrás del mundo y con este algo debe pactar.
Parece interrogar en forma constante dos oráculos entre lo que pasa por el ojo y lo que pasa por la boca, doble médium del deseo del otro.
El orden de la mirada instaura la dialéctica vidente – visible.
El orden de la palabra determina el par hablante – hablado.
Mirada y voz se encuentran para configurar el síntoma, pero... Qué sucede cuando este doble orden deja uno de los registros velado?.
Se expresa por ejemplo en el plano visual (a pesar de la queja, que solo queja por el padecer de la lesión y no por su origen). Solo queda que el otro pueda con ese único aspecto, configurar un intento de sentido con lo cual se expone a la sobreinterpretación a falta de la voz de quien porta el signo.
Recordemos que el psicoanálisis mismo parte de la mirada, en sus albores charcoteanos con la mirada hipnótica y Freud es quien posteriormente en un gesto capital la abandona, colocando del lado de la refundación los poderes de la voz por sobre la potencia de la mirada.
Sin embargo pareciera que allí donde está implicada la mirada, la voz no puede estar muy lejos.
Todo sucede, ilusoriamente, como si mirar y escuchar no armonizaran y ejercieran potestades en contrapunto.
¿Cerrar los ojos no es el mejor modo d agudizar la escucha?
La voz emerge plenamente cuando la imagen del locutor se sustrae, de allí el efecto cautivador de la voz en off.
A la inversa, la mirada fascina, petrifica, llegado el caso, la escucha y cuando se mira demasiado ya no se escucha gran cosa.
El psicoanálisis penetra en la cuestión de la mirada y de la voz al asumir la angustia precisa de una mirada que se evadiera del ojo y de una voz que se escapara de un encierro.
La mirada que parece presente sobre el mundo también se familiariza con “guardar” en su origen etimológico francés, también se relaciona con “ponerse en guardia”, podría pensarse en aquellos mecanismos defensivos que nos ponen lejos y “a salvo”. Lo visual alertando a lo táctil para evitar el contacto, que se articulan con los diferentes niveles de alerta, según estemos frente a la neurosis, psicosis y perversión; como si exigieran del objeto una respuesta subjetiva propia que se refracta en ellas.
Todo el drama de la afección en la piel se desarrolla bajo la mirada vigilante de su espectador que también involucra al sujeto padeciste y parece poner en juego una pulsión parcial localizada en el ojo, así como la boca sirve tanto para besar como para comer, los ojos no solo perciben los cambios del mundo exterior que son importantes para la conservación de la vida, sino también las propiedades de los objetos mediante los cuales éstos se elevan al rango de objetos de elección tornándose “encantadores”.
La mirada guardiana se contenta con su función animal de vigilante del mundo exterior, sino que detalla el cuerpio del otro, del objeto erótico.
Lo desviste con la mirada.
Que es lo que muestra la lesión en tanto jeroglífico tallado en el cuerpo- Lo que sucede cuando el brillo de una visibilidad enceguecedora, que afecta la retina del ·”vidente”, la quema- La mirada se “enturbia”como se dice con tanta claridad y lo invisible se mezcla con lo visible. Al ver desde “demasiado cerca”, deja de verlo todo. Virtualidad de aspiración por el objeto que petrifica sus poderes visuales. “quien mucho abarca, poco aprieta... y quien mira demasiado ya no ve nada. , Por algo se cierran los ojos al besar.
De la solidaridad entre la mirada y su objeto, es testimonio el extraño desplazamiento semántico que hace que se califique de “ciego”, no solo a quien no ve, sino al objeto mismo que no se ve. El que no ve y el que no es visto.
Ciego puede querer decir invisible, un objeto lo suficientemente enmascarado para enceguecer.
Propiedad del objeto en su brillo.
La mirada además de dirigirse a un blanco también es otra cosa: Vale decir la expresión de los ojos, la manera de mirar y con ello contemplar el mundo.
Durante mucho tiempo se jugó con la idea de que el ojo tenía poder de emitir un rayo luminoso, que algo sale del ojo, que este es portador de potencia de la mirada, que se carga de afecto, que es un resplandor de la mirada.
El objeto de la mirada, puede o quiere presentarse como evanescente y activo.
Freud en sus tres ensayos destaca entre las fuentes de la sexualidad infantil, dice”: además de la “pulsión de crueldad(dominio)” está la pulsión de ver (schautrieb), lo que se codea con el tacto.
El mirar, como tantas veces reemplaza el tocar (vouyeur).
La mirada se desdobla en dos aspectos.
A. Mirar como una actividad dirigida aun objeto.
B. Instauración de un sujeto al cual se muestra para ser mirado por él (vouyeur- exhibicionista)
De que manera y que extraña seducción produce el punto de captura de todas las miradas estos verdaderos pictografias en la carne.
Nos recuerda la escena primaria donde se describe el cuadro de un sujeto literalmente estupefacto por cierto espectáculo, en el que está exhibido el deseo del otro, sea en concepto de testigo (coito parental), o bien de objeto al que apuesta el otro (el seductor).
Así pues la seducción tiene vigencia al producir en el sujeto un efecto de captación: La trampa consiste en atraparlo en las redes de una imagen de la que desde ese momento, el “seducido” ya no puede abstraerse.
Esta tiene valor de revelación de un deseo en sí, que encuentra en el otro un punto de llamada, que es eminentemente escópico.
El vidente es aspirado hacia y por un visible que le arranca los ojos – imposible mirar eso y recuperar la propia mirada.
Lo complejo es el mecanismo dialéctico que se instaura entre tres términos.
Los ojos del sujeto con lesión en la piel
La piel.
La mirada del tercero que queda pegada a la herida o marca.
Todo esto bajo la dirección del ojo del paciente que mira la escena; atendiendo casi perversamente en tanto se convierte en vouyer del vouyer, resulta más complejo, entonces que la ilusoria división entre mirantes y mirados, objetos de la mirada y sujetos de la visión; en tanto hay interjuego de miradas al igual que en el ballet de la seducción.
Tan grande es la mirada que “envuelve”, “palpa”, la visión es palpación por la mirada.
Lo visible requiere de la mirada que lo interroga.
La estratagema de “control”, reside en una mitad de camino entre el fetiche que habla de una detención de la mirada y el objeto del fóbico que conserva su materialidad el mismo “deseo de ver” que el fetiche, pero asume la forma de un objeto alarmante.
La mirada hacia allí no es porque tenga inclinación o preferencia, es que “eso”, lo arrastra.
Un objeto “carnada” de este tipo es mucho más un “agente material2 que un “signo”.
Aunque para un observador externo, la luz que atrae a la mariposa a quemarse en su fuego, “parezca hacerle señales”.
Aparece como un cuadro categorizado como impresionista: como si dijera... ¿quieres mirar?, ...pues mira. (Estética pictórica).
No debemos olvidar que está presente también, actuando como báscula – la vergüenza-, desnudez que expone a la mirada del otro.
El vergonzoso, sabe que algo falla terriblemente en su imagen. Tal es la vivencia alienante de la vergüenza especular.
Doble función, por lo tanto de atraer y fijar la atención, permitiendo al sujeto observar que los otros miran. Función de “trampa” y punto de focalización, con una mirada ciega, permite evitar (sobre todo cuando emerge en el rostro), el cruce de miradas y asegura al portador de la afección un control sobre la imagen del otro.
En realidad esos procesos, (mirada fija en el brillo de la lesión), no sirven por tanto mas que para el desvío y el encadenamiento de la atención.
El psicoanálisis pretende como posible dirección de la cura convertir aquello visible en audible, pero no para hacerlo desaparecer sino para desconstruir las evidencias y los goces del espectáculo para introducir esa dimensión de la ausencia de la palabra.
1 comentario:
La piel
Publicar un comentario